sábado, 13 de diciembre de 2014

EL AIRE HUELE A LA 15

El aire huele a la 15, huele al café que preparaba mi madre en los finales de los 80 e inicios de los 90 cuando mi familia estaba completa.
El aire huele al pan que vendía ese señor flaco en su bicicleta, todos los días a las 6 de la tarde en las calles de mi Santa Rosa.
El aire huele a la 15 y a los caramelos que juntaba cada vez que en mi pueblo se rompía una ollita encantada, las de barro.
El aire huele a la bola de maní que me enseñó a preparar mi vieja pa ganarme la vida y así poder comprarme los cromos del Barce.
El aire huele a mi jardín de infantes donde leía los cuentos de Pinocho y El gato con botas. El aire huele al Barcelona que conocí de niño.
El aire huele a la 15 y viajo al día que vi a Morales ser figura ante River, el día que vi a Uquillas eliminar a emelec en la libertadores.
El aire me huele al algodón de azúcar que mis hermanos me compraban a 10 sucres, al helado que la vecina vendía por la ventana.
El aire me huele al abrazo de mi abuelo que me recibía con sus cabellos blancos cuando me escapaba de la escuela para ir a visitarlo.
El aire me huele a la tierra mojada por la lluvia de mi ciudad natal, cuando era un niño inocente que quería jugar en el equipo de sus amores.
El aire huele a la 15 y las arrugas que me gané en los momentos difíciles sin darme cuenta ayudan a dibujar una mejor sonrisa.
El aire huele a mi primer beso escondido por los cursos del colegio, huele a pan hecho en casa, huele a chocolate natural.
El aire huele a ese muchachito flaco que en los 90 usaba una réplica perforada con las letras de Coca Cola en el pecho.
El aire huele al guineo orito que nos regalaban en las bananeras, a la naranja que tomábamos directamente del árbol. Huele a sepia.
El aire huele a los amigos, familiares y conocidos que se fueron a la otra vida con los colores en su piel.
El aire huele a la esperanza que te dan en una sala de hospital cuando un amarillo tuyo se debate entre la vida y la muerte.
El aire huele al la oración que me enseñó mi abuelita cuando era un pelaito. El aire huele a Dios que nos bendijo tanto en el ayer.
El aire huele a nuestro primer sueldo, a nuestra liberación a una adicción, este aire limpia nuestros pulmones y nos cura el corazón.
El aire huele a ese migrante que llora en otras tierras, que tiene un altar amarillo en el piso que con tanto esfuerzo sigue pagando.
El aire huele al chicle agogo que comprábamos a 5 sucres en las tiendas, a esa galleta universal que venía en una cajita de lata.
El aire huele a aquella primera cerveza que nos hizo sentir bravos en la adolescencia. A ese primer baile con la pelada que nos gustaba.
El aire huele y suena esa cámara antigua de fotos que nos retrataban junto al caballito del parque.
Señores, hermanos míos, quiero agradecer a Dios, porque…
EL AIRE HUELE A LA 15. 
Escrito por Cheo Gómez.

Dedicado a mi sobrino Ariel Paredes Gómez y a mi hermana Verónica Gómez que alientan al ídolo desde el infinito del universo.