martes, 17 de abril de 2018

GANAR A LO BARCELONA


Hoy se escucha y se lee mucho  “a lo Barcelona” cuando el ídolo del Ecuador consigue una victoria sobre la hora o muy sufrida, pero es prudente remontarnos a los inicios de esa popular frase.
¿Qué significa realmente ganar a lo Barcelona?
Para Ricardo Vasconcelos, reconocido columnista, significa lo siguiente: que el equipo guayaquileño le es fiel a su tradición y a su historia, ambas escritas con coraje, fervor y entrega total en busca de la victoria.
Agrega unas líneas que confirman una característica del Barcelona de aquellos tiempos cuando jugaba en el Campo Deportivo Municipal y el viejo estadio Guayaquil, donde brillaron Rigoberto Aguirre, primer arquero en salir jugando hasta media cancha, y experto en tapar penales con la cabeza; y el líder guerrero que no permitía desfallecimientos: Manuel Gallo Ronco Murillo. Es decir muy temprano en los años 30, un equipo humilde ya le ponía “vitamina H” a sus partidos. Traducción: un equipo nuevo, naciente se fajaba con los que tenían billete y les ganaba.
Entonces se puede deducir que ganar a lo Barcelona era vencer a rivales más fuertes como Millonarios de Colombia, Estudiantes de la Plata, potencias mundiales de la época, a quienes los canarios derrotaron en épicas batallas.
Hoy mucha gente utiliza la frase “Ganar a lo Barcelona” para referirse a ganarle al Guayaquil City. ¿Es esto correcto? Si tomamos la referencia del nacimiento de la frase no es certero, pero muchos hinchas de la época actual le dan su propia interpretación.
“Ganar con arrechera, con huevos, pues” escribe Junior González con esa sobrades característica de los guayacos.
Mientras tanto para Jhonattan Briones y Omar Rada la frase luce mejor cuando se la aplica por ejemplo a triunfos como los obtenidos en la pasada Copa Libertadores en Brasil frente a Santos, es decir, tumbar a elencos más caros y grandes en su propia casa.
Por otro lado lado, un usuario de twitter identificado como Eman manifiesta que “ganar a lo Barcelona es no bajar los brazos por más difícil que esté el partido. Cuando tal vez las ideas futbolísticas no alcanzan pero el corazón y vitamina H los empuja a dar hasta el último suspiro dentro de la cancha”
Así hay un sinnúmero de definiciones, y dentro de la interpretación personal todos tienen la razón, ya que ¿por qué quedarnos con una sola descripción del tema? Los tiempos han cambiado. Este Barcelona ya no es el equipo sin campeonatos de aquellas veces. Hoy es el más veces campeón del Ecuador y un cuadro respetado a nivel internacional.
Las nuevas generaciones que van al estadio y esperan hasta el minuto 90 para gritar un gol de la victoria pueden hacer suya la frase “Ganamos a lo Barcelona” pues en resumen significa GANAR CON HUEVOS Y SIN BAJAR LOS BRAZOS POR MÁS DURO QUE SE PÓNGA EL JUEGO. En este caso ya no importa el rival, sea el Palmeiras o el Guayaquil City, nada se compara con ese grito de gol contenido 90 minutos en la garganta.
Podemos discutir varias horas sobre el tema, golear es positivo, ganar bien es un orgullo, pero no me pueden negar que esa dosis de sufrimiento que nos tiene en vilo en los minutos adicionales y nos saca el alma de los labios en un grito de gol sobre la hora es una de las sensaciones más lindas de ser hincha.
En conclusión ganar a lo Barcelona es su frase, depende como usted quiera sentirlo, sin sentirse dueño de la verdad de los demás. Ganar a lo Barcelona es ganar con huevos, sea al Palmeiras o al Guayaquil.
Por Cheo Gómez.

viernes, 6 de abril de 2018

Barcelona y Emelec, aquella época romántica


Barcelona y Emelec vienen de la época en que el fútbol ecuatoriano nacía de la mente de gente soñadora, que ante la ausencia de aplicaciones móviles como el WhatsApp, Facebook o twitter, usaban el valioso tiempo de su vida real para formar clubes con el fin de disfrutar con amigos del barrio.
Esa mística que empezó con un 4 a 3 a favor del Barcelona, el pobre venciendo al rico, el modesto club de barrio venciendo al apadrinado por la empresa eléctrica, encendió la más grande de las chispas que alumbran corazones amarillos y azules hasta hoy.
La llama permanece encendida, y cada domingo de clásico resucitan Don Carlos García y Don George Capwell para ver el partido. Resucitan también los catalanes que llegaron a Guayaquil, quienes añoraron tanto a su natal Barcelona, que nos dejaron algo de ellos con sus colores oro y grana. Bajan del cielo además los gringos que amaban el béisbol y trabajaban en EMELEC.  
Se abren las puertas del cielo y del infierno. Solo por este domingo, pobres y ricos, amarillos y azules tienen licencia de poner a bailar las papilas gustativas con aquel elixir originario de los pueblos elamitas: la cerveza.
Se juega el clásico y es más que un partido de once contra once dibujando gambetas en el pasto, se juega también el honor de aquellos que solo alcanzamos a ser hinchas, y digo “solo” porque aunque nos hubiera gustado alcanzar la gloria de ser profesional, no hay nada más bello que gritar un gol de tu equipo mientras abrazas a tus seres queridos.
Muchas veces estuve en el extranjero, y la pregunta recurrente que me hizo la gente fue ¿Barcelona o Emelec? Es como una marca de los ecuatorianos, el país en dos bandos: los amarillos o los azules. Una rivalidad de hermanos.
Al final, ambos pueblos, amarillos y azules, agradecen a los españoles y gringos haber aterrizado en Ecuador sus pasiones por el deporte. Quizá fue algún tipo de resarcimiento tardío por parte de los catalanes que nos conquistaron hace 500 años, o previo por aquellos acuerdos comerciales con los norteamericanos que ocurrían años después.
Sea lo que sea, Barcelona y Emelec representan el momento justo que define cómo será tu semana: el ganador tendrá el pecho hinchado de orgullo, y el perdedor tendrá que esperar su revancha.
CHEO GÓMEZ

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